La otra cara del tenis: sobrevivir lejos de la élite
En el tenis profesional, hay una lucha económica constante y estar entre los 100 mejores del mundo puede marcar la diferencia entre vivir de tu profesión o tener que seguir invirtiendo dinero para competir.
El tenis suele asociarse con grandes premios, viajes y lujos. Sin embargo, esa imagen representa solo una parte del circuito. Fuera de la élite, los jugadores deben afrontar gastos de viajes, alojamiento, entrenadores y preparación física, sin un salario fijo que garantice ingresos.
Antes de llegar a los grandes torneos ATP 250, 500 o Masters 1000, muchos jugadores compiten en los circuitos ITF y Challenger. En esta etapa, mantenerse económicamente puede convertirse en una lucha constante, ya que los premios no siempre cubren los gastos. En estos torneos no solo se compite por ganar, sino también por conseguir los recursos necesarios para seguir jugando la semana siguiente. Para dar el salto a los grandes escenarios, además, hay que mantener un nivel competitivo durante mucho tiempo, con el desgaste físico y mental que eso implica.
La ATP anunció que los premios del circuito Challenger alcanzarán los 32,4 millones de dólares en 2026, una cifra récord. Sin embargo, ese dinero se reparte entre numerosos jugadores y torneos, y no representa el beneficio neto de cada tenista después de cubrir sus gastos. Como explica el jugador Taro Daniel en Punto de break «Como tenista eres como una pequeña empresa, pero teniendo a todos tus empleados viajando todo el tiempo». Además las cifras no son reales, no se tienen en cuenta retenciones fiscales de los premios ganados en el extranjero y los gastos del equipo.
A la presión económica se suma el desgaste mental. La incertidumbre sobre el futuro, la obligación de conseguir resultados y la distancia con la familia pueden afectar a la confianza y la motivación. Se habla mucho de la fortaleza mental necesaria para ganar, pero poco de la que hace falta para seguir compitiendo cuando los resultados no alcanzan para cubrir los gastos.

Esta desigualdad entre la élite y los jugadores de menor ranking también ha impulsado iniciativas colectivas. Novak Djokovic fue uno de los impulsores de la Professional Tennis Players Association (PTPA), creada en 2020 junto a Vasek Pospisil para defender los intereses de los jugadores. Aunque Djokovic abandonó la asociación en enero de 2026, su iniciativa puso de relieve la necesidad de dar mayor voz a los profesionales.
Es cierto que la ATP está aumentando los premios y desarrollando programas de apoyo. Sin embargo, hay que preguntarse si estas medidas son suficientes para quienes carecen de patrocinadores y financian su carrera de su propio bolsillo. El objetivo no debería ser garantizar el éxito a todos, sino reducir las barreras económicas mediante mejores premios en las primeras rondas y más ayudas para viajes y alojamiento. Así, los jugadores podrían concentrarse en competir sin que la incertidumbre económica se convierta en una presión constante.
