La generación que puede comprar de todo, excepto una vivienda
En la última década el precio de las viviendas en España se ha incrementado. Tras la última crisis vivida en nuestro país en 2008, los precios han ido en aumento.
En junio del 2020 el precio del metro cuadrado alcanzó su mínimo en los últimos años. Sin embargo, desde dicho punto, el coste por m2 de una vivienda se disparó con creces. Actualmente el precio medio por m2 en el país es de 2.132€/m2. Sin embargo, el salario medio de un español es de 29.540,26 € brutos anuales, mientras que el alquiler promedio en Madrid son unos 1.550€ mensuales, y hablamos de un piso normal y corriente, sin lujos, pero sin ser tampoco un palomar de 30m2.
Hoy en día la gente adinerada no compra una casa en Benidorm para irse de vacaciones. La compran para especular. Los grandes inversores y fondos buitres que juegan al Monopoly en la vida real son los verdaderos culpables de esta gran crisis de la vivienda.
Los jóvenes, como tú y como yo, ¿cuándo y cómo vamos a poder adquirir nuestra primera casa? La respuesta es clara: cuando no nos quedemos de brazos cruzados.
La acampada de Sol resiste. Cientos de ciudadanos, hoy, están luchando por una vivienda digna. Jóvenes, adultos y mayores luchan por conseguir una estabilidad en el mercado inmobiliario.

Emanciparse más tarde de lo habitual no significa únicamente seguir viviendo con nuestros padres. Significa un retraso en el desarrollo de tu propia vida. Aplazamos decisiones cruciales como formar una familia o crear un proyecto de vida propio. Luego echan las culpas de la baja natalidad a los jóvenes, ¿pero cómo quieren que tengamos hijos sin un hogar propio?
Nuestra generación sigue los pasos tradicionales: estudiar, trabajar y ahorrar. Se nos habla de esfuerzo, de trabajo y de ahorro, pero no de la vida real. Porque el esforzarte ya no te garantiza que tengas un techo donde vivir. El problema no es la falta de ahorros entre los jóvenes, sino la existencia de un mercado especulativo.
Y mientras los “perroflautas” de Sol siguen luchando por poder construir su proyecto de vida, la administración pública sigue mirando a otro lado. La verdadera pregunta es:¿cuánto tiempo más podremos aguantar sin una ley que nos respalde?
