¿Vivimos para ser felices o para demostrar que lo somos?
Atravesamos una época en la que parece que absolutamente todo merece ser publicado. Un viaje, una cena con amigos, un concierto puede acabar publicado en redes sociales. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos si en realidad disfrutamos de esos momentos con la gente que queremos o solo acudimos a esos lugares para tener fotos y vídeos que publicar en Instagram. El problema no es compartir momentos felices, sino depender de la aprobación de nuestros seguidores para sentirnos bien.
En primer lugar, las redes sociales pueden fomentar la comparación constante. Cuando observamos vidas que aparentemente son perfectas, es fácil que pensemos que la nuestra es más aburrida o menos interesante, pero en ese momento no somos conscientes de que estamos viendo solamente un TikTok o un Story. En cambio, olvidamos que las publicaciones muestran una pequeña parte de la realidad, ya que una fotografía puede transmitir felicidad, sin reflejar los problemas que existen detrás de ella. Esta preocupación aparece en una investigación publicada en Communications Psychology, realizada con 200 jóvenes de entre 12 y 14 años. En ella relacionan el uso diario de las redes sociales con una menor valoración positiva de uno mismo y señalan que las comparaciones constantes con otras personas reducen la autoestima y la confianza personal.
Además, la necesidad constante de recibir reconocimiento puede convertir experiencias bonitas en una búsqueda de aprobación. Si estamos más pendientes de conseguir un “me gusta” que de disfrutar lo que realmente estamos viviendo, en realidad le estamos dando más importancia a la imagen que los demás tienen de nosotros que a lo que de verdad sentimos . De esta manera, lo único que conseguimos es dejar de disfrutar plenamente de nuestra vida. Un estudio realizado por la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad Oberta de Cataluña, publicado en 2025, encuestó a miles de adolescentes españoles sobre cómo influyen Instagram y Tiktok en sus vidas. En este estudio se llega a la conclusión de que las redes sociales pueden afectar más al bienestar psicológico de las niñas que de los niños.
En segundo lugar, es cierto que publicar contenido en redes sociales puede ser positivo, ya que en ellas estamos en contacto con nuestros amigos, familiares y podemos expresar nuestras opiniones, sentimientos o conservar recuerdos. La diferencia está en publicar una foto con tus amigos porque te apetece o porque quieres que la gente se entere de a dónde te has ido y con quién. El tema no debería ser abandonar las redes sociales, sino empezar a usarlas correctamente.
En conclusión, creo que deberíamos cuidar más nuestra salud mental y no estar constantemente comparando nuestra vida con otras de las cuales no sabemos nada. Quiza tendríamos que preocuparnos menos por cuántas personas ven lo que hemos subido y preocuparnos más sobre si lo estamos disfrutando de verdad.

