Mamadu Dialo, sintecho: “La vida es dura, pero sigo de pie”
Mamadu Dialo tiene 30 años y vive en situación de sinhogarismo en la ciudad de Alicante. Nació en un pequeño pueblo de Senegal y emigró a España en busca de una vida mejor tras un duro viaje en patera, impulsado por la falta de oportunidades, los pocos recursos y el deseo de ayudar a su familia. Tranquilo, respetuoso y observador, Mamadu se expresa sin victimismo acerca de su realidad cotidiana, marcada por la escasez, pero también por la resistencia y la esperanza. Su testimonio ofrece una visión íntima de la situación de las personas sin hogar desde una perspectiva humana y directa. En su relato, Mamadu revela las complejidades de su vida diaria, donde los desafíos se entrelazan con momentos de dignidad y solidaridad. Al compartir sus experiencias, brinda una perspectiva única que trasciende la discriminación simbólica hacia quienes viven en la calle. Este enfoque sincero y auténtico invita a la reflexión sobre la empatía y la comprensión, y desafía a la sociedad a mirar más allá de la superficie.
Además, su voz resuena como un llamamiento a la acción, iluminando la necesidad urgente de abordar las causas subyacentes de la falta de vivienda. En un mundo donde la indiferencia a menudo predomina, el testimonio de Mamadu se erige como un faro de humanidad, recordándonos que detrás de cada historia hay un individuo con sueños, luchas y anhelos. Así, su mensaje se convierte en un poderoso recordatorio de que la esperanza nunca debe perderse, incluso en las circunstancias más adversas.
Pregunta: Mamadu, ¿cómo era tu vida antes de venir a España?
Respuesta: Nací en un pueblo pequeño de Senegal. Mi familia no tenía mucho dinero, pero éramos unidos. Desde joven trabajaba en lo que podía para ayudar en casa. Allí no hay muchas oportunidades, y cada año era más difícil encontrar trabajo. Yo soñaba con poder ayudar a mi madre y a mis hermanos.
P: ¿Qué te llevó a tomar la decisión de emigrar?
R: Fue una decisión muy dura. Nadie quiere dejar su casa y a su familia. Pero llegó un momento en el que no veía futuro allí. Escuché que en Europa había más oportunidades y pensé que, aunque fuera difícil, podría salir adelante y ayudar a los míos.
P: ¿Cómo recuerdas el viaje hasta España?
R: El viaje fue muy peligroso. Tenía miedo, pero también esperanza. En la patera íbamos muchas personas, algunos no sabían nadar. Pensaba mucho en mi familia y rezaba para llegar vivo. Fue una experiencia que no se olvida nunca.

P: ¿Qué ocurrió cuando llegaste a España?
R: Al llegar me llevaron a centros de acogida. Allí aprendí un poco de español y estuve más tranquilo durante un tiempo. Tenía comida y un lugar donde dormir. Pero cuando cumplí la mayoría de edad, el sistema dejó de ayudarme y me encontré solo, sin recursos.
P: ¿Cuándo empezaste a vivir en la calle?
R: Fue poco a poco. Primero dormía en casas de amigos, pero no siempre se puede. Al final terminé durmiendo en la calle. Es muy duro, sobre todo al principio. No estás preparado para eso.
P: ¿Cómo es tu día a día viviendo sin techo en Alicante?
R: Cada día es diferente. Me levanto temprano y busco algo de trabajo. A veces ayudo en mudanzas, recojo chatarra o cargo cajas en mercadillos. También voy a comedores sociales y a lugares donde puedo ducharme. Por la noche busco un sitio seguro para dormir.

P: ¿Qué es lo más difícil de vivir en la calle?
R: No es solo el frío o el hambre. Es sentirte invisible. Mucha gente pasa a tu lado sin mirarte. A veces te miran mal, como si fueras un problema. Eso duele más que dormir en el suelo.
P: ¿Qué es lo que más te preocupa ahora mismo?
R: Mi familia. No quiero fallarles. Mi madre espera que algún día pueda estar mejor. Yo quiero trabajar, tener papeles y una vida normal. No pido lujos.
P: ¿Qué crees que la sociedad debería entender sobre las personas sin techo?
R: Que somos personas normales. No somos delincuentes ni vagos. Cada uno tiene su historia. Muchos estamos aquí porque el sistema falla. Lo que necesitamos son oportunidades, no rechazo.
