Jorge Cortés Moreno: “La presión en el fútbol infantil me marcó”
Jorge Cortés Moreno, de 16 años, representa la vida cotidiana de muchos adolescentes. Estudia en el Inmaculada Jesuitas de Alicante, queda con amigos para charlar o salir y juega al fútbol en el equipo de su colegio. Su trayectoria deportiva comenzó de forma inocente, pero pronto se vio marcada por la presión paterna de convertirlo en una estrella, un fenómeno común en el fútbol base español donde padres ambiciosos ven en sus hijos al próximo Cristiano Ronaldo o Lionel Messi. Hoy compite en una liga federada sin esa carga, aunque la experiencia le dejó lecciones sobre equilibrio entre pasión y obligación.
Pregunta. ¿Cómo recuerdas tus primeros años jugando al fútbol y qué significaba para ti entonces?
Respuesta. Empecé a los 5 o 6 años en el Inmaculada Jesuitas de Alicante, mi colegio. No tengo muchos recuerdos detallados porque fue hace bastante tiempo, pero al ser tan pequeño, solo jugaba para pasarlo bien con mis amigos. Aunque no sentía una gran pasión por el fútbol en sí, la presencia de ellos hacía que la experiencia fuese muy amena y divertida, sin más pretensiones.
P. ¿Cuándo empezaste a notar que para tu padre el fútbol era algo más serio que un simple juego?
R. El detonante fue un traspaso obligado al Hércules siendo benjamín, a los 7 u 8 años, por decisión de mi padre. Digo obligado porque, aunque era una gran oportunidad para crecer deportivamente, a mi edad no lo concebía así, solo sabía que se me quitaba lo único que me impulsaba a jugar: mis amigos del Jesuitas. Como el Hércules es un club más profesional y serio, con estructura competitiva, ahí noté que mi padre lo vivía con mucha intensidad, comenzando con gritos desde las gradas. A lo largo del tiempo, empecé a percibir que la presión iba en aumento, ya no era solo pasarlo bien, sino competir al máximo nivel posible desde pequeño.

P. ¿En casa se hablaba mucho de que podías llegar lejos o ser una futura estrella del fútbol?
R. Sí, bastante. El hecho de que a mi edad tan joven estuviese ya jugando en el equipo principal de mi ciudad, el Hércules, tuvo una repercusión enorme en la familia. Se llegaba a la conclusión lógica de que, si seguía entrenando y progresando así, podría alcanzar un buen nivel profesional. De todas formas, ya había familiares que, escondiéndolo detrás de bromas, lanzaban pequeñas advertencias a mi padre sobre su obsesión conmigo, que a veces parecía fuera de lo normal y desproporcionada para un niño.
P. ¿Qué tipo de comentarios o actitudes de tu padre te hicieron sentir más presión?
R. Lo que más me entristecía era que, tras una mala actuación en un partido, en vez de darme apoyo y decirme que no pasaba nada o que había que mejorar juntos, se quejaba abiertamente y se enfadaba conmigo. Eso me hacía sentir mal, sobre todo porque llegaba en un momento vulnerable, justo después del juego. Era esa actitud la que más presión generaba, más que cualquier otro comentario.
P. ¿Alguna vez sentiste que jugabas más para hacer feliz a tu padre que para disfrutar tú?
R. Sí, la verdad es que sí, sobre todo en la etapa del Hércules. Quería disfrutar del fútbol, pero al no conocer a nadie en ese nuevo grupo y ser tan pequeño, me costaba mucho adaptarme social y deportivamente. Terminaba jugando más por la presión de que mi padre quería que estuviese ahí, en ese club, que por mí mismo. Todos estos factores provocaban que no disfrutase mucho jugando, convirtiéndolo en una obligación más que en un hobby.
P. ¿Recuerdas algún partido o entrenamiento en el que la presión te superara especialmente? ¿Qué pasó?
R. A ver, sinceramente así de pequeño no recuerdo un partido o entrenamiento en especial con detalles concretos, pero la verdad es que en la mayoría de ellos sí que sentía esa presión constante. Sobre todo al acabar los partidos: jugase bien o mal, me recriminaba algo, hiciera lo que hiciera. Al final, eso siendo tan pequeño te supera emocionalmente, te hace dudar de ti mismo y sí, deja una marca profunda que perdura con los años.
P. ¿Llegaste a sentir ansiedad, miedo a fallar o ganas de dejar el fútbol por completo?
R. Lo curioso y cierto es que no llegué a ese extremo entonces. Sin embargo, hoy en día, con 16 años, sí que me he replanteado dejar el fútbol por completo, pero sobre todo por los estudios y la falta de tiempo —ya no dispongo del mismo como antes—. No recuerdo haber pensado en abandonarlo por completo ni haber sentido ansiedad o miedo paralizante en esos años infantiles.
P. ¿Hubo un momento clave en el que decidiste poner límites o hablar con tu padre sobre lo que sentías?
R. Sí, hubo un momento clave. Fue cuando volví a jugar para el equipo de mi colegio, los Jesuitas, después de dejar el Hércules, porque ya no me sentía a gusto allí, todo se había convertido en una obligación pura. Aunque tenía algunos amigos en el Hércules, no me lo pasaba bien en general. Decidí hablar con mi madre y con mi hermano en familia, para tratar este tema abiertamente y que ellos hiciesen ver a mi padre la presión excesiva a la que me sometía. De esa manera se calmó un poco y evité sentir esa presión constante todos los días.
P. Hoy, con 16 años, ¿cómo vives el fútbol: como hobby, como sueño profesional o de otra manera distinta?
R. Bueno, pues la verdad hoy en día lo vivo como una forma de competir —no estamos en una liga mala en los Jesuitas, al contrario, es exigente—, pero también están mis amigos, que hacen que disfrute jugando de verdad. Ya hablé todos los problemas de pequeño con mi padre, y ha cambiado mucho su actitud: ahora me apoya sin presionar. Así que me lo paso muy bien y compito con ilusión, sin agobios.

P. ¿Qué le dirías a un padre que está presionando demasiado a su hijo para que llegue a ser el próximo Messi o Cristiano?
R. Pues, una cosa que no he mencionado antes es que también me apuntó a entrenadores personales de fútbol para mejorar la técnica y, un poco más mayor, a entrenadores de gimnasio para físico; de eso no tengo queja porque me ayudó a progresar, pero es verdad que no siempre iba con ganas, porque a veces se sentía también como una obligación más. Mi mensaje para esos padres es claro, dejad a vuestros hijos elegir lo que quieran hacer, que no les obliguéis a actividades que a lo mejor no les gustan o no sienten pasión real por ellas. Que ellos mismos decidan lo que quieren y, si les apasiona, que se lo digan para que los padres tomen las medidas adecuadas de apoyo, no de imposición.
P. ¿Qué consejo darías a chicos de tu edad que sienten que ya no disfrutan del fútbol por la presión de los adultos?
R. Pues la verdad, yo creo que una buena medida sería ir a un psicólogo para que te ayude desde otra perspectiva profesional, o hablarlo con la familia entera de forma sincera. Porque si a ti de verdad te gusta el fútbol en el fondo, pero sientes presión por tus padres u otros adultos, deberías seguir: tú disfrutas y te lo pasas bien jugando. No por esa presión externa debes dejarlo todo y renunciar a algo que te hace feliz.
P. Por último, ¿un mensaje final para tu padre?
R. Es verdad que en mi caso mi padre siempre ha estado mucho más encima de mí que de mi hermano, y de eso no tengo ninguna queja porque sé que es por cariño. De pequeño lo pasé mal con él por el tema del fútbol y la presión, pero bueno, hoy en día eso ya está muy hablado, tenemos una relación excelente y ha hecho un cambio bastante grande: ahora se dirige a mí de forma más calmada, sin someterme a esa presión constante, y me deja jugar más tranquilo y disfrutar. Para mí es agua pasada, aunque sí me ha dejado huella. Pero de nuevo, gracias papá, porque no todo fue malo: hay muchas veces que yo tampoco ponía de mi parte y acababas agotado. No eras el único que lo hacía mal; fue difícil por las dos partes. Papá, te quiero.
Jorge Cortés Moreno demuestra madurez al reflexionar sobre su pasado deportivo, destacando la importancia de que el fútbol infantil sea diversión antes que profesión. Su historia invita a padres y entrenadores a priorizar el bienestar emocional de los niños.
