¿Voto por convicción ideológica o por temor?

¿Voto por convicción ideológica o por temor?

¿Elegimos a nuestros representantes porque compartimos sus ideales o porque queremos impedir que otros lleguen al poder? Cada vez es más habitual que el voto se convierta en una herramienta para frenar al adversario político, dejando en segundo plano la afinidad ideológica y las propuestas que representan nuestros intereses. En mi opinión, esta puede ser una solución puntual ;sin embargo, si se convierte en lo normal, a largo plazo terminará en un proyecto de futuro en el que no podamos confiar, dejando nuestras propuestas reales en un segundo plano.

En los últimos años, se ha normalizado una creciente división entre ciudadanos con ideologías opuestas. El informe “La Polarización afectiva en España: bloques ideológicos enfrentados”, publicado por Esade y elaborado por Lluís Orriols, muestra cómo la polarización afectiva incrementó en España entre los años 2000 y 2019, y cómo de esta manera las diferencias políticas pueden convertirse en una confrontación de bloques en la que la identidad propia se construye, en parte, basándose en la oposición al contrario. De modo que, ¿hasta qué punto el rechazo hacia quienes piensan diferente está condicionando nuestra libertad a la hora de elegir a quién votamos?

Polarización política

La polarización política como división de la sociedad por bloques. (Imagen generada por la IA)

El rechazo hacia determinadas ideologías políticas puede influir de forma directa en las decisiones electorales. Es lo que se conoce como polarización política. El estudio sobre elecciones generales de 2023, publicado en la Revista Española de Ciencia política, observa cómo, en el contexto de elecciones generales españolas de julio del año 2023, el partidismo negativo hacia la derecha incrementó el voto hacia el PSOE, al igual que el rechazo hacia el PSOE promovió el apoyo a Vox. Esto permite reflexionar sobre cómo la elección de voto hacia un partido político no depende únicamente de la ideología que se defiende, sino que también puede ser condicionada por la oposición política.

Sin embargo, votar en contra de un adversario político también puede ser una decisión razonada ya que, cuando no hay ningún partido que represente nuestros ideales al cien por cien, usar el voto para frenar la opción a nuestro parecer más dañina es una decisión completamente lógica. Cómo se plantea en el artículo voto útil, hay quién prefiere sumar apoyos a la candidatura que tiene más opciones de frenar a un rival común.

EL voto como herramienta  para frenar al adversario político.
El voto como herramienta para frenar al adversario político. (Imagen generada por la IA)

Pese a esto, conformarnos con que el voto en contra sea la norma acabará empobreciendo nuestra democracia. Es cierto que en momentos concretos es necesario ser prácticos para evitar un escenario más dañino, pero cuando la motivación principal para ir a las urnas es únicamente el miedo al rival, la política deja de ser un espacio libre para el debate; dejando nuestras propuestas reales siempre en un segundo plano terminaremos sin un proyecto de futuro en el que confiar de verdad.

Carmen Gallego

Soy estudiante de primer año en publicidad y relaciones públicas .Con esta carrera aspiro a abrir mi mente explorando el mundo de la publicidad y nutriendome de experiencia.

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