La politización de la Universidad de Alicante

La politización de la Universidad de Alicante

La Universidad de Alicante se ha convertido en los últimos años en algo más que un espacio de estudio. Para muchos estudiantes, el campus es también un escenario donde la política universitaria tiene cada vez más peso. Las elecciones al Consejo de Estudiantes, celebradas los días 11 y 12 de este mes, han vuelto a evidenciar un proceso que se ha ido desarrollando poco a poco: la politización de la vida universitaria, marcada principalmente por el enfrentamiento entre dos grandes grupos estudiantiles, Magna Universitaria y Alianza.

Durante esos días, el ambiente en la universidad fue diferente al habitual. Grupos de gente en las puertas de los aularios y las facultades pidiendo votos, carteles pegados en pasillos y columnas, mensajes constantes en redes sociales y estudiantes entrando en las clases para obligar a los estudiantes a votar y posicionarse de un bando o de otro sin informar sobre qué harán si ganan o qué quieren conseguir posicionándose en el Consejo Estudiantil. Para algunos alumnos, sobre todo los de primeros cursos, todo esto resultaba novedoso; para otros, ya es una escena repetida cada año que confirma que la política también ha encontrado su lugar dentro de la UA.

La politización del campus no ha surgido de repente. Hace años, la participación estudiantil era baja y el interés por las elecciones universitarias apenas se notaba. Sin embargo, a medida que la universidad ha crecido y se han multiplicado los problemas y debates relacionados con tasas, becas, transporte, infraestructuras o calidad educativa, también ha aumentado la necesidad de representación. En ese contexto han ido ganando protagonismo Magna Universitaria y Alianza, dos partidos de estudiantes que compiten por liderar la voz del alumnado.

Magna Universitaria es un grupo que destaca por su trayectoria y continuidad dentro de la UA. Sus miembros suelen presentarse como una opción basada en la experiencia y en el conocimiento del funcionamiento interno de la universidad. Su discurso se centra en la gestión, el diálogo con el equipo rectoral y la búsqueda de soluciones a través de los canales institucionales. Defienden que la mejor manera de mejorar la universidad es trabajando desde dentro y manteniendo una relación estable con los órganos de gobierno.

Entre las principales propuestas que Magna Universitaria presentó en estas elecciones se encuentran la mejora de los servicios del campus, la ampliación de horarios de bibliotecas y salas de estudio en épocas de exámenes y una comunicación más directa entre los estudiantes y las instituciones universitarias. A lo largo de los años, este grupo ha logrado participar activamente en consejos y comisiones, además de impulsar mejoras concretas que utilizan como prueba de la eficacia de su modelo. Para sus integrantes, la estabilidad y la negociación son claves para obtener resultados reales.

En el lado opuesto se sitúa Alianza, un grupo que apuesta por una postura más reivindicativa y combativa. Su mensaje se basa en la idea de que el estudiante debe ser un sujeto activo, capaz de movilizarse y presionar cuando considera que sus derechos no están siendo respetados. Alianza entiende la universidad como un espacio político en el que es necesario alzar la voz y no limitarse únicamente al diálogo institucional.

Sus propuestas para las elecciones de los días 11 y 12 de diciembre del presente año, se centraron en la defensa de una universidad pública accesible, la bajada de tasas, la mejora del sistema de becas y del transporte, y una mayor transparencia en la toma de decisiones. Además, apuestan por fomentar la participación estudiantil a través de movilizaciones y campañas informativas. Entre los logros que destacan se encuentran la organización de protestas y la presión ejercida en momentos clave para frenar medidas consideradas perjudiciales para el alumnado.

El enfrentamiento entre Magna Universitaria y Alianza no se reduce únicamente a los días de campaña electoral. Se trata de un choque constante entre dos formas distintas de entender la representación estudiantil. Mientras uno prioriza el diálogo y la negociación, el otro defiende la movilización y la confrontación como herramientas legítimas. Esta rivalidad se refleja en debates, comunicados públicos y mensajes en redes sociales que, en ocasiones, reproducen dinámicas propias de la política nacional.

Esta polarización tiene efectos diversos en la comunidad universitaria. Por un lado, genera cansancio y desinterés en parte del alumnado, que percibe la política universitaria como algo lejano o excesivamente conflictivo. Por otro, ha conseguido que temas que antes apenas se debatían ahora ocupen un lugar central en la conversación estudiantil. Las elecciones ya no pasan desapercibidas y obligan a los estudiantes a posicionarse, aunque sea desde la indiferencia.

Uno de los principales problemas sigue siendo la participación. A pesar de la intensidad de las campañas, el número de estudiantes que acuden a votar sigue siendo limitado. La falta de información sobre el funcionamiento del Consejo de Estudiantes o la sensación de que las decisiones importantes se toman fuera del alcance del alumnado explican en parte esta situación. Aun así, se observa un creciente interés entre los estudiantes más jóvenes, que llegan a la universidad con una mayor conciencia política y social.

La politización de la Universidad de Alicante no es un caso aislado, sino un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. La existencia de bloques enfrentados, el uso de estrategias comunicativas y la importancia de las redes sociales muestran cómo la política ha traspasado las fronteras del ámbito académico. Esto plantea un debate abierto sobre si esta politización beneficia o perjudica a la universidad como institución.

Más allá de los discursos oficiales y los programas electorales, la politización de la Universidad de Alicante se vive de manera muy distinta según quién la observe. Para muchos estudiantes, las elecciones y el enfrentamiento entre Magna Universitaria y Alianza forman parte ya de su experiencia universitaria cotidiana, aunque no todos lo perciben de la misma forma.

Laura Sánchez, estudiante de segundo curso de Derecho, asegura que su primer contacto con la política universitaria fue sorprendente. “Cuando llegué a la universidad no sabía ni que existían partidos estudiantiles. De repente vi mesas, carteles y gente pidiéndome el voto. Al principio me agobiaba un poco, pero ahora entiendo mejor para qué sirve”, explica. Aun así, reconoce que no siempre se siente representada: “A veces parece que discuten más entre ellos que por nosotros”.

Una opinión similar comparte Marcos Pérez, alumno de Ingeniería Informática, que confiesa no haber votado en las últimas elecciones. “Sinceramente, me cuesta creer que lo que decidan en el Consejo de Estudiantes vaya a cambiar mucho mi día a día. Veo mucha política, pero pocos resultados visibles”, comenta. Para él, la politización puede ser positiva en teoría, pero cree que debería traducirse en mejoras más claras: “Si al final seguimos teniendo los mismos problemas de siempre, a la gente le empieza a dar igual”.

En cambio, hay estudiantes que valoran de forma positiva este clima político. Ana Beltrán, de cuarto curso de Sociología, defiende que la politización es necesaria. “La universidad no es solo un lugar para estudiar, también es un espacio donde se aprende a participar y a defender derechos. Que existan debates y enfrentamientos es normal”, afirma. Ana se muestra más cercana a las posturas de Alianza y considera que la movilización es clave: “Si los estudiantes no presionamos, nadie lo va a hacer por nosotros”.

Desde una perspectiva más moderada, Javier López, estudiante de Economía, se muestra crítico con los extremos. “Creo que tanto Magna como Alianza tienen cosas buenas y malas. Uno parece demasiado cercano al rectorado y el otro a veces exagera con la confrontación”, señala. Para él, el problema no es la politización en sí, sino la falta de consenso: “Echo en falta que se sienten a hablar más entre ellos y piensen menos en ganar y más en representar”.

La influencia en la vida diaria del campus
La politización no solo se percibe durante las elecciones, sino también en el día a día del campus. En cafeterías, bibliotecas y pasillos, las conversaciones sobre tasas, exámenes o infraestructuras se mezclan cada vez más con opiniones políticas. “Antes hablábamos solo de clases y exámenes; ahora también se habla de quién ha ganado las elecciones o de qué grupo ha hecho tal propuesta”, comenta Paula Romero, estudiante de Magisterio.

Algunos alumnos consideran que este clima puede resultar invasivo. Carlos Muñoz, de primer curso de Arquitectura, reconoce que se siente algo saturado: “Entiendo que quieran informar, pero a veces parece que no puedes entrar a la facultad sin que te paren para darte un folleto”. Aun así, admite que gracias a eso ha aprendido cosas que desconocía: “Ahora sé que hay un Consejo de Estudiantes y que, en teoría, nos representan”.

Otros, sin embargo, ven en esta visibilidad una oportunidad. “Si no fuera por las campañas, mucha gente ni sabría que puede participar”, opina Elena Torres, estudiante de Biología. Para ella, la politización ha servido para despertar conciencias: “Aunque no votes, al menos te hace pensar en cómo funciona la universidad y en qué podrías cambiar”.

Redes sociales y nuevos espacios de debate
Uno de los elementos que más ha contribuido a la politización del campus es el uso de las redes sociales. Tanto Magna Universitaria como Alianza utilizan Instagram, X o WhatsApp para difundir mensajes, criticar al rival y movilizar a sus seguidores. Esta estrategia ha ampliado el alcance de la política universitaria, pero también ha intensificado la confrontación.

“En redes todo se exagera”, señala Daniel Ruiz, estudiante de Comunicación Audiovisual. “Ves mensajes muy duros que luego, cara a cara, no se dicen”. Para él, esta dinámica puede generar una imagen distorsionada de la realidad: “Parece que la universidad esté dividida en dos bandos irreconciliables, cuando la mayoría de estudiantes estamos en medio”.

Sin embargo, para otros alumnos las redes son una herramienta fundamental. Marta Gil, de Ciencias Políticas, defiende su uso: “Es la forma más rápida de llegar a la gente joven. Además, permite que cualquiera opine y critique, no solo los representantes”. Eso sí, reconoce que sería necesario un tono más constructivo: “La crítica es sana, pero cuando se convierte en ataque constante pierde sentido”.

¿Politización excesiva o aprendizaje democrático?
El debate sobre si la politización beneficia o perjudica a la UA sigue abierto. Algunos estudiantes temen que la universidad pierda su carácter académico y se convierta en un reflejo de la polarización social. Otros consideran que este proceso es inevitable y, en cierto modo, positivo.

“Prefiero una universidad politizada a una universidad pasiva”, afirma rotunda Ana Beltrán. En cambio, Marcos Pérez insiste en que habría que buscar un equilibrio: “Está bien debatir, pero sin olvidar que estamos aquí para formarnos”.

En definitiva, la politización de la Universidad de Alicante se manifiesta tanto en los órganos de representación, como en las percepciones y experiencias del alumnado. Las opiniones son diversas y, en ocasiones, contradictorias, pero todas coinciden en un punto: la política universitaria ya no es invisible. Forma parte del día a día del campus y obliga a los estudiantes a posicionarse, participar o, al menos, reflexionar sobre el papel que quieren tener dentro de su universidad.




mireyaa_f

Alumna de primero de Publicidad y Relaciones Públicas de la asignatura de Comunicación y Medios Escritos. Me gustaría ser RRPP de una editorial como el grupo Planeta.

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