Si tu vida fuera pública, ¿ya te habrían cancelado?
La cultura de la cancelación ha dejado de castigar únicamente las actitudes intolerantes. Las redes sociales se han convertido en un lugar seguro para el odio y la cancelación. Hoy en día, celebridades, influencers y personajes públicos parecen vivir con una soga al cuello por el temor a ser cancelados; es decir, masivamente rechazados y odiados por el público y, con mucha frecuencia, excluidos por las marcas. Es cierto que en muchas ocasiones esto permite visibilizar y denunciar abusos, actitudes racistas , sexistas o comportamientos inapropiados de personas que no merecen estar en el ojo público ni dar ejemplo a nadie. No obstante, como consumidora de redes sociales, he notado que, con el tiempo, estas acusaciones se han vuelto más frecuentes y por motivos cotidianos e inofensivos como ser diferente o tener una opinión discrepante.
Todo esto puede ir ligado a la manera en la que consumimos la información en la actualidad. Actualmente, la mayoría de las personas buscamos informarnos de manera rápida; hemos entrado en la era del consumo rápido y parece que ya no tenemos tiempo para nada. En cambio, antiguamente, la información se obtenía principalmente de los periódicos donde la gente leía detenidamente noticias extensas que hoy muchos no terminarían de leer. Además, los lectores recurrían a las columnas de opinión donde las ideas podían desarrollarse con profundidad. Ahora en un clip de 20 segundos se puede sacar una frase de contexto y en un vídeo de 1 minuto es más difícil explicarse que en un artículo de opinión. Sin embargo, la sociedad parece que ya no tiene tiempo para ello.

En función de esto, hemos presenciado cientos de cancelaciones motivadas por malentendidos, por expresar opiniones o simples equivocaciones. Da la sensación de que ya no existe margen de error ni margen para opinar diferente a la mayoría. De hecho, este verano el influencer Carlos García, conocido como ”Carliyo El Nervio”, publicó un vídeo compartiendo su punto de vista sobre por qué creía que se estaba dando tantísima importancia al eclipse. Afirmó que era una «cortina de humo» para distraer a España del enfado sobre la crisis y los numerosos problemas actuales. A raíz del vídeo, miles de personas lo acusaron de ser «negacionista» o de estar «en contra del eclipse», e incluso los haters más extremistas llegaron a calificarlo diciendo que estaba «al nivel de Franco y Hitler».
Es comprensible que mucha gente no comparta su opinión, pero este nivel de odio es desproporcionado. Si en lugar de estos ataques los usuarios simplemente expresaran sus contraargumentos sin insultar tan agresivamente, probablemente muchas personas se ahorrarían problemas de salud mental derivados del normalizado ciberacoso que se vive a diario en las redes.
Todo esto me lleva a reflexionar: si nuestra vida fuera pública ¿nos habrían cancelado alguna vez? Yo creo que la respuesta es clara, aunque sea difícil de admitir: sí.
