Formar en inteligencia artificial, no prohibirla
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en nuestro día a día. Según OpenAI, en febrero de 2026, ChatGPT superó los 900 millones de usuarios activos semanales, lo que supuso un aumento del 125 % respecto al año anterior. Este rápido crecimiento refleja su expansión dentro de la sociedad, especialmente en el ámbito educativo, donde su incorporación generó fuertes debates, ya que no hubo tiempo de evaluar sus beneficios y riesgos. Ante esta realidad, los centros de educación deben formar a los estudiantes para hacer un uso consciente, crítico y ético de la inteligencia artificial en lugar de prohibirla.
Prohibir la IA en las aulas no es eficaz. Una prohibición sin acompañamiento técnico solo crea una falsa sensación de control, ya que los alumnos buscarán otras formas, menos visibles, de utilizarla. De esta forma, las instituciones tienen aún menos control sobre el asunto. De hecho, mientras el 35% de los docentes han prohibido el uso de ChatGPT en sus materias, un 78% de los estudiantes universitarios confirman haber usado IA generativa para tareas académicas. Es por esto que las instituciones deben crear conciencia sobre las consecuencias de su uso erróneo a través planes donde se informe y se fomente el uso adecuado de esta herramienta.
Si se consigue hacer un uso adecuado de la IA se pueden sacar varias ventajas de esta tecnología, como puede ser ayudar a aprender más fácil de forma autónoma o complementaria y gratuita. También permite obtener explicaciones diferentes, con múltiples lenguajes y ejemplos cuando no se comprende un concepto, adaptándose así a las necesidades de cada estudiante. Además, te ayuda a practicar con ejercicios, ejemplos y simulacros de examen, y a su vez, los corrige repasando los errores y permitiendo aprender de ellos. Es así como dándole un buen uso se puede complementar el trabajo del docente y ampliar los conocimientos.
Entonces, ¿ayuda a aprender o limita el pensamiento crítico? El uso exclusivo de la IA reduce el esfuerzo intelectual y dificulta el desarrollo de ciertas habilidades. Algunos estudiantes van directamente a consultar una respuesta con la IA sin antes haber pensado resolverla por sí mismos. Además, suelen copiar y pegar una respuesta sin antes asegurarse de haber comprendido el contenido generado, lo cual no garantiza su comprensión. Aparte, la IA puede cometer erroreses, por lo cual, es importante comprobar la información usando otras fuentes. Es así como la dependencia a esta herramienta puede dificultar el pensamiento crítico y la autonomía, habilidades fundamentales para el aprendizaje. Pero no en todos los casos casos tiene consecuencias negativas: según los resultados del informe PISA, aquellos alumnos que no usan IA de forma habitual se posicionan con 20 puntos más frente a quienes sí la usan, pero aquellos que la utilizan habiendo aprendido antes cómo her un buen uso de ella, lograron posicionarse un poco por encima del promedio general.

La IA no tiene porqué ser una traba para el aprendizaje cuando puede ser un potenciador de este si se enseña a utilizarla con criterio. Es por esto que los centros de educación deben hacer frente a esta realidad y formar al alumnado para garantizar que el uso de IA sea un complemento que potencie sus estudios y capacidades, no una herramienta que atrofie su capacidad crítica.
