Antes de compartir, comprueba
¿Cuántas veces hemos reenviado una captura porque estábamos seguros de que era correcta? En un grupo de clase, un dato sin contexto puede convertirse en “verdad” antes de que alguien pregunte de dónde salió. Compartir también es una forma de intervenir en la conversación. Por eso, antes de reenviar una información dudosa, conviene comprobar su origen y su contexto, aunque solo nos lleve unos minutos.
No es una precaución exagerada. Un estudio global de UNESCO e Ipsos de 2023 señala que el 85 % de los ciudadanos estaban preocupados por el impacto de la desinformación. La cifra no demuestra que cada publicación falsa convenza a quien la ve, pero sí señala una inquietud en los lectores. Además, una encuesta de UNESCO publicada en 2024 encontró que el 62 % de los creadores de contenido digital no verificaba rigurosa y sistemáticamente la información antes de compartirla. Si quien publica tampoco comprueba, la audiencia necesita hábitos propios de verificación, ya que no saben si la información que están leyendo está contrastada en fuentes o si es ‘‘verdadera’’.
Comprobar no exige ser especialista: podemos abrir el enlace original, buscar quién firma, revisar la fecha y contrastar el dato con ayuda de otra fuente fiable. La UNESCO recomienda precisamente evaluar la credibilidad del sitio, consultar las fuentes de apoyo y leer más allá del titular. En la práctica, estos pasos ayudan a distinguir un hecho comprobable de una interpretación o una opinión, y evitan que una imagen antigua se presente como actual.

Detenerse muy a menudo para ir comprobando la información poco a poco puede resultar pesado, pero no hace falta investigar todos los mensajes ni verificar cada conversación. Basta con frenar un momento antes de seguir difundiendo un contenido que provoque incertidumbre o indignación. Si no podemos confirmarlo, podemos no reenviarlo o compartirlo indicando que aún no está comprobado.
En la universidad hablamos de comunicación frecuentemente; también podemos practicarla con responsabilidad. Antes de pulsar “reenviar”, deberíamos hacer una pausa, buscar la fuente y explicar qué sabemos y qué no. La rapidez importa, pero la confianza se construye cuando nuestras palabras pueden comprobarse.
